QUE NO SE VAYAN LOS SUEÑOS…

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(A Carmen Silza)

Que no se vayan los cuentos,
ni se olviden las palabras,
que dejaban los mayores,
por la noche y en la cama,
que regresen esos tiempos
tan bonitos de la infancia
con la voz de los ancestros
que dejaban tanta calma,
y con ellas nos venían
los relatos de las hadas,
la canción del Nibelungo
y los barcos con piratas,
y es que el cuento, del recuerdo,
ni se olvida ni se pasa
porque siempre está presente
a pesar de las distancias…

Que no se pierdan los sueños
entre cuentos de alboradas,
ni con recuerdos marchitos
de infinitas telarañas,
y es que los cuentos aquellos
eran sueños que llegaban,
en relatos inspirados
por las voces tan amadas,
eran mi padre y mi madre,
y era la sangre y la lava
de un volcán enfurecido
que me envolvía en su magia,
y ese cuento subyugante
era la música sacra,
de la voz que me dormía
y que conmigo soñaba…

“…Que no se vayan, ni pierdan,
esas palabras lejanas,
con la esencia de los cuentos
y los sueños que albergaban…”

Rafael Sánchez Ortega ©
29/10/18

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ME HABLÓ TU PUERTA AL PASAR…

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Me habló tu puerta al pasar
y me dijo que no estabas,
que marchabas por el mundo
a disfrutar la jornada,
y yo, con pena, seguí,
con la mochila en la espalda,
sudoroso y muy cansado,
caminando hacia la nada,
y mis brillantes pupilas
desgranaron unas lágrimas,
unas gotas del rocío
y de lluvia con legañas,
y no las quise quitar,
las dejé que me bajaran,
que besaran mis mejillas
temblorosas y muy pálidas…

Me habló una rosa al pasar
y me pidió que esperara,
que no marchara sin ella
porque la brisa se apaga,
y yo, sin prisa, tomé
a la rosa que así hablaba
y me clavé con su espino
sin darme cuenta de nada,
la sangre brotó con fuerza
por la vena desgarrada
y yo no pude seguir
pues la visión se borraba,
entonces besé los pétalos
de la rosa tan sagrada
y la dejé que se fuera
con la brisa hasta tu cara…

“…Me habló la luna en el cielo,
me preguntó qué pasaba,
y yo la dije que un niño
recuperaba su infancia…”

Rafael Sánchez Ortega ©
27/10/18

DESCANSA CORAZÓN…

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Descansa corazón
no escuches las palabras,
el viento está furioso
y el mar con marejada,
reprime los suspiros
que emite la garganta
y busca por el pecho
las notas de tu arpa,
¡qué bella sinfonía
que parte de las almas
siguiendo la batuta
de mano tan sagrada!,
la vida es un susurro,
un soplo en la distancia,
vivimos un momento
tras esperanzas vanas…

Descansa trovador
el verso te reclama,
ya sale el sol de nuevo
y se levanta el alba,
la luz alienta el día,
los pajarillos cantan,
la noche y el rocío
dejaron gotas de agua,
disfruta de esa alfombra,
escucha las cigarras,
si cierras bien los ojos
encontrarás la infancia,
está en ese jardín
con vida que reclama,
tu bendita inocencia
y el poema que trazas…

“…Descansa corazón
y sueña con las hadas,
las llevas en tu pecho
y también en el alma…”

Rafael Sánchez Ortega ©
27/10/18

¡AY NIÑA…!

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(A Alba Dos)

¡Ay niña si tú supieras
lo que se oculta en mi frente,
los pensamientos furtivos
que multiplican sus veces,
ya que no es una ni dos
pues son de ahora y de siempre
este sentirte tan dentro,
este esperarte sin verte,
para llegar al invierno
y hasta buscarte en la nieve,
y no me digas que no,
pequeña niña impaciente,
ya que te quiero conmigo
así, serena y sin fiebre,
para enseñarte la vida
y conseguir sus placeres…

¡Ay niña, si tú supieras
de mi vida y sus reveses,
por querer ver a la luna
en los libros que leyere!,
y es que la letra se esconde
por rincones y entre eses, `
para evitar las miradas
que las lean y secuestren,
y es que tú estás en los libros
y en los versos, como redes,
para atrapar a los ojos
de lectores imprudentes,
porque los míos te buscan,
te persiguen siempre fieles
para escanciar la ternura
de tus mejillas ardientes…

“…¡Ay niña, si tú pudieras
ver en mí lo que no tienes,
yo sería muy dichoso
regalándote el presente!…”

Rafael Sánchez Ortega ©
26/10/18

ME GUSTA LA LUNA…

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Me gusta la luna
que sale de noche,
también esa otra
que habla sin voces,
la luna de plata,
pequeña y sin nombre
que atiende por luna
sin otras razones;
los niños la buscan,
y ofrecen sus flores,
los hombres la llaman
de forma muy noble,
y entonces la luna,
dormida en el monte,
se alza en el cielo
a hacer sus labores…

Yo quiero la luna
decía el Quijote,
buscando en la Mancha
molinos y amores,
y aquella lunita
pequeña y tan pobre
temblaba de miedo
temiendo el desorden,
la lucha del niño,
el hambre de golpe,
las guerras y el frío
por tantos rincones,
y en medio de todo
se escuchan tambores
que llaman a filas
por cosa de honores…

“…Yo quiero la luna,
decía un buen hombre,
la luna de plata
y al niño que esconde…”

Rafael Sánchez Ortega ©
25/10/18

UN LIBRO TE ESPERA…

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Un libro te espera,
lo tengo en las manos,
en él mis poemas
están acostados,
y quieren, sin prisa,
tus ojos tan claros,
las tiernas pupilas
de cuentos dorados,
y, luego, en la tarde
serán el descanso
de gentes y calles,
que buscan tus pasos,
ya sé que tu quieres
que vaya a tu lado,
te bese la frente
y roce tus labios…

Un libro te espera
de rezos de antaño,
y aquel de poemas
del “cole” lejano,
con cuántos recuerdos
te están esperando,
también con veleros,
traineras y bardos
y todo el conjunto
parece un resguardo
surgido del mundo
del mar tan salado,
con cierto salitre
que llega despacio,
queriendo ser libre
y rama del árbol…

“…Un libro te espera,
quizás olvidado,
en él un poeta
dejó tu regalo…”

Rafael Sánchez Ortega ©
24/10/18

MIRABA TU VUELO…

Gaviota

Miraba tu vuelo
pequeña gaviota,
las alas tan grises
ya van revoltosas,
y abajo, en la playa,
estaba la costa,
con altos peñascos
y riscos de alfombra,
y en ella, tu nido
te espera cual forma
con paja y con ramas
cubiertas de sombra,
y llegas altiva,
casada a tu fonda,
tu nido de plata,
gaviota mimosa…

Miraba los mares
y en ellos las olas
del agua tan verde
y azules por zonas,
y fue en ese instante
que vi las alfombras
debajo del cielo
mostrando sus formas,
y vi muchos sueños
sin orden de tropas,
viniendo a mi lado
de forma ladrona,
y así me llegaron
claveles y rosas,
y eternas caricias
y besos sin bocas…

“…Miraba la luna
gallarda y hermosa,
al hombre y marino
remando en su boga…”

Rafael Sánchez Ortega ©
22/10/18

UN DÍA…

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Un día comprendí que había dejado atrás
la primavera
y que en ella quedaban dormidos
muchos sueños y proyectos.

Un día recogí el soplo de la brisa
que volvía con fuerza hasta mi lado
y entendí el mensaje que dejaba.

Un día volví a la vida maltrecho y sediento
pero con la esperanza
de encontrar unas nuevas mariposas.

Un día me di cuenta de que los corazones latían,
las pupilas miraban,
los pajarillos cantaban en los árboles,
y los niños corrían en la plaza…

Y todo esto lo vi en los ojos del anciano
sentado en un banco del jardín.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/10/18

PREGÚNTALE A LAS ESTRELLAS…

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Pregúntale a las estrellas
que tiene el niño en el alma,
y es posible que te digan
que es el fruto de la infancia,
todo aquello que recogen
y que dentro de sí guardan,
los instantes y segundos
con la calma y marejada,
que la vida nos entrega
y que el tiempo con su vara,
nos regala y administra
hasta el día en que reclama,
pero el momento que digo
está lejos su distancia
como el tren con sus vagones
que llegará a la parada…

Pregúntale a las estrellas
dónde está el bosque y la magia,
que contaban los relatos
y leyendas de las hadas,
porque los niños le buscan
en las tardes que se pasan,
y en las mañanas del cole
a través de las ventanas,
es fácil que el roble viva
rodeado de las hayas,
y los castaños florezcan
entre abetos y entre jaras,
y puede que entre los troncos
exista ya la cabaña
de los enanos del cuento
esperando su llegada…

“…Pregúntale a las estrellas,
marinero, por tu barca,
ya que tienes que remar
y conseguir tu soldada…”

Rafael Sánchez Ortega ©
21/10/18

DE ESA MANERA…

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De esa manera volvió la vida,
se estremecieron las palabras
y una brisa nueva me besó en la cara.

El alma sintió la ráfaga furiosa de la primavera,
que llegó gritando, dejando su caricia,
y hasta cerró los ojos de placer.

El sol salía y saludaba con fuerza,
las olas venían a la playa
desgranando una sinfonía en las resacas
que llenaban mis oídos

El corazón volvió a latir con fuerza,
y hasta el cuerpo se estremecía con pasión
al sentir el alma renovada.

Volví a vivir
y una sonrisa, temblorosa,
se posó tímidamente en mis labios.
sin darme cuenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/10/18